Castillo de Torrelobatón, Valladolid


 


 

En 1392 Alfonso Enríquez, futuro Almirante de Castilla, compra Torrelobatón y consigue la licencia de Juan II para edificar un castillo. La construcción debió comenzar en el primer cuarto del siglo XV. Su heredero, Fadrique, pierde la propiedad por apoyar a los Infantes de Aragón frente a Juan II, que la transfiere a Alonso Pérez de Vivero; y no la recupera hasta 1455, cuando regresa del exilio perdonado por Enrique IV. Construye entonces un nuevo castillo señorial aprovechando el existente.

Los daños sufridos por la fortaleza en pretiles, almenas y puerta de entrada durante la Guerra de las Comunidades se reparan en 1538. Es destacable señalar que desde Torrelobatón salieron las tropas de Padilla camino de la derrota de Villalar.

 


La titularidad del castillo ha permanecido en manos de la familia Enríquez hasta el siglo pasado: sus escudos campean en la torre del homenaje. Actualmente pertenece al Ministerio de Agricultura que lo destinó a silo durante la segunda mitad del siglo pasado.

 






El majestuoso castillo, arquetipo de la Escuela de Valladolid, se alza sobre su planta cuadrada dominando el valle del Hornija. Formó parte de un cinturón defensivo que cercaba la villa y del que aún se conserva una de las puertas en la plaza Mayor.

 
 








 
 
 

El patio de armas, cuadrangular, se halla flanqueado en 3 de sus ángulos por cubos cilíndricos, y una torre del homenaje cúbica en el cuarto; su planta baja es la parte más antigua y el tramo más alto de la torre, que contaba con un acceso desde los adarves, es un claro ejemplo de la Escuela de Valladolid, así como el almenaje.

 



 

Santa Eulalia. (Barrio de Sta. María, Palencia)

Santa Eulalia.

 La pequeña Ermita de Santa Eulalia, construida entre finales del siglo XII y principios del XIII, está ubicada en el Barrio de Santa María, fue la iglesia parroquial de la desaparecida localidad de Barrio de Santa Olalla; al pie de la iglesia se mantiene un despoblado del que tan solo se conservan algunas piedras y tejas. 
 


Es de planta sencilla, de nave única, recorrida por un banco de piedra, y un ábside semicircular precedido por un presbiterio. En el hastial occidental se encuentra una pequeña espadaña. Carece de los añadidos que a lo largo del tiempo se han puesto en otros templos románicos, lo que hace que esta ermita sea un templo bien conservado y modelo de las iglesias románicas palentinas de una única nave. Está realizada en sillería.
 


 
  El interior de la nave presenta una decoración muy sencilla. Los capiteles tienen las cestas decoradas con motivos vegetales. El exterior presenta canecillos simples, similares a los del ábside. La nave está cubierta por una bóveda de cañón apuntado, dividida por tres arcos fajones que se asientan sobre columnas con capiteles decorados. Únicamente presenta una ventana saetera abocinada que ilumina el interior. El arco triunfal es apuntado y de triple rosca y separa la nave del presbiterio, el cual es de menor anchura que la nave, también con bóveda de cañón apuntado y recorrido por una línea de imposta nacelada y lisa en el punto de unión de la bóveda con el muro. El ábside está cubierto con bóveda de cuarto de esfera y tres impostas de perfil nacelado y decoradas. Exteriormente aparece reforzado por dos columnas rematadas por capiteles decorados. Estas columnas dividen verticalmente el lienzo absidial en tres paños, en cada uno de los cuales se abre una ventana saetera abocinada decoradas con una arquivolta de medio punto, baquetón, guardapolvo y dos pequeñas columnas con capitel y cimacio. Horizontalmente el ábside se articula en tres espacios gracias a las dos líneas de impostas. El ábside aparece rematado por un alero de canecillos en forma de proa de nave. 
 





 
 
La portada que está abierta en el muro norte está formada por cuatro arquivoltas apuntadas formadas por baquetones simples, lisos, y listel interior tallado. Los cimacios también están decorados con hojas, palmetas y entrelazos que nacen de máscaras. Las arquivoltas descansan sobre dos columnas con capiteles decorados con motivos vegetales muy esbeltos, a base de estrechas palmetas cruzadas.
 



La decoración más importante de esta ermita se encuentra en el exterior de las ventanas del ábside. La del lado norte presenta un capitel decorado con una representación del Pecado Original, mostrando a Adán y Eva cubriéndose a los lados del árbol de la vida, cubierto con manzanas, y en el cual aparece enroscada la serpiente; el otro capitel de esta ventana presenta motivo vegetal de hojas angulosas rematadas en acantos y coronando la cesta del capitel unas cabezas bastante erosionadas. La ventana del tramo central presenta los capiteles más sencillos, decorados con motivos vegetales, pero su tímpano, bordeado por pequeñas puntas de diamante y un extradós polilobulado presenta un ángel barbado bendiciendo con las alas extendidas.
 
 
La ventana abierta en la parte sur del ábside presenta capiteles figurados, uno con arpías afrontadas con gorros frigios y otro un grifo luchando con un león sobre un fondo de entrelazos y cimacios decorados.
 



Las impostas también aparecen decoradas con motivos geométricos o vegetales, y destaca una lucha entre dragones bastante llamativa.



 



El interior de la nave presenta una decoración muy sencilla. Los capiteles tienen las cestas decoradas con motivos vegetales. El exterior presenta canecillos simples, similares a los del ábside. La iglesia destaca también por el conjunto de pinturas murales que presenta el interior, en los muros del ábside y parte del muro sur de la nave, en los que según algunos autores se hace una representación del Juicio Final y los castigos del infierno. Pueden datarse entre finales del siglo XII y el gótico y son una de las pinturas murales medievales más importantes de Palencia.
 

"Santa Cecilia" Vallespinoso de Aguilar

 "Santa Cecilia"

Vallespinoso de Aguilar (Palencia)

A través de los Valles de Ojeda y Aguilar, en plena montaña palentina, donde los caminos serpentean y ascienden por la roca. 
 
Allí, entre valles recónditos donde los pueblecitos apenas ocupan  el poco llano que hay. Allí, colgada sobre la roca, sirviendo de puerta al Valle de espinos; Allí reina la Ermita de Santa Cecilia.

Construida a finales del siglo XII, no solo resalta su pintoresca ubicación e integración en el entorno, donde emerge como trono para gobernar en el Valle, sino por la variedad y calidad de sus esculturas en piedra en su portada, capiteles y canecillos.

Todo un deleite para quien sienta que el aliento se apaga por la
emoción al contemplar la belleza de Santa Cecilia.

Cuando llegas la primera vision ya fascina











Iglesia de San Miguel Arcangel de Trigueros del Valle, s. XII. (Valladolid)

 nota: (Autor de las fotografías: Raúl Santos Toledano "Mystigal"  Autor del texto del artículo/colaborador de www.arteguias.com:
José Manuel Tomé) 


Iglesia de San Miguel

No lejos del castillo, en el centro del casco urbano y acomodada en una suave ladera se levanta la iglesia de San Miguel, templo que, pese a sus añadidos posteriores, puede vanagloriarse de ser una de las construcciones más interesantes y mejor conservadas llegadas a nuestros días del románico rural vallisoletano.



Edificada en buena sillería caliza, constaba en origen de una sola nave de cinco tramos cubiertos con bóveda de cañón apuntado reforzada por arcos fajones también de perfil apuntado que apean alternativamente en pilastras lisas y ménsulas. A continuación, tras el arco triunfal, el ábside semicircular se resuelve con bóveda de cascarón.





 

A esta planimetría primitiva, tan característica del románico rural castellano, le serían añadidos en fechas posteriores sendas capillas de bóvedas estrelladas a modo de crucero en el siglo XVI; y una segunda nave septentrional en el XVIII, para lo cual, fue necesario romper los paramentos originales del hastial norte de la nave.





Uno de los primeros detalles que llama la atención en San Miguel de Trigueros del Valle es el hecho de que la nave se cubra con bóvedas pétreas, circunstancia harto excepcional en el románico de la zona (donde predominan las cubiertas de madera) y que podría explicarse por el poder económico que le confería ser dependiente directa de la Colegiata de Santa María la Mayor de Valladolid.

Algunos especialistas apuntan incluso la posibilidad de que las bóvedas primitivas sufriesen un desplome poco tiempo después de su cerramiento, y que las que vemos actualmente fuesen obra de bien entrado el siglo XIII.

En definitiva, podemos concluir que los elementos más llamativos y de mayor relevancia artística de la iglesia de San Miguel son su ábside y la portada principal abierta al lado sur.



 

 

El ábside, canónicamente orientado, se levanta sobre un marcado zócalo con el fin de igualar el terreno ligeramente en pendiente sobre el que se asienta. Queda articulado en cinco paños definidos por cuatro medias columnas rematadas en capiteles a la altura de las cornisas, abriéndose ventanales en los tres paños centrales.


Los capiteles de las medias columnas son vegetales a excepción de una de las cestas, en la que puede distinguirse una sirena de doble cola acompañada de una figura humana. En cuanto a los canecillos, la mayoría son geométricos o vegetales, apareciendo puntualmente alguna figuración antropomórfica y, de nuevo, la recurrente sirena pez de doble cola.











La portada, orientada al sur y considerablemente abocinada, consta nada menos que de siete arquivoltas de medio punto abrazadas por una chambrana exterior ajedrezada. 


 

Dichas arquivoltas se presentan minuciosamente decoradas a base de trenzados perlados, hojas alancetadas, puntas de clavo, lazos geométricos con prismas en relieve, boceles y fórmulas ajedrezadas que se repiten en los cimacios.



Descansan las arquivoltas a cada uno de los lados del vano sobre tres columnas que quedan acodilladas entre pilastras, todo ello elevado sobre un prominente plinto de nuevo destinado a igualar las irregularidades del terreno.


En cuanto a los capiteles, reconocemos a la derecha del vano animales afrontados que se unen en una sola cabeza, un personaje con una túnica y un tercero más sencillo; mientras que las cestas de la izquierda disponen un entrelazo, hojas de remate avolutado y, de nuevo, una sirena de doble cola que hemos visto ya en otros lugares de esta misma iglesia.




Por lo general, la escultura de la iglesia de San Miguel de Trigueros del Valle denota la mano de un taller popular posiblemente influido por los repertorios palentinos y, sobre todo, burgaleses.

(Autor del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)